El ejercicio no tiene edad y la alegría tampoco. Así lo demuestra Fabiola Justiniano, una auditora de profesión, que encontró en el baile su verdadera pasión.
Certificada como instructora de zumba desde 2013, decidió especializarse en zumba gold, una modalidad diseñada especialmente para adultos mayores.
Desde entonces, ha dedicado su carrera a brindarles a sus alumnos no solo una forma divertida de mantenerse activos, sino también un espacio donde se sienten valorados y felices. Con música que va desde el reguetón hasta el tango, Fabiola ha logrado que sus clases sean un punto de encuentro lleno de energía, risas y bienestar.
– ¿De dónde nació la idea de dar estas clases?
Siempre me gustó bailar, y en el colegio yo hacía las coreografías. Cuando conocí la zumba, dije: “¡Esto es lo mío!”.
– ¿Qué la llevó a especializarse en zumba para la tercera edad?
Después de certificarme como instructora de zumba en 2013, fui a Argentina a hacer otras especialidades porque en Bolivia no llegaban. Allí vi cómo hacían Zumba Gold en los parques, y se me vino a la cabeza cuando mi mamá estaba muy enferma. No había una actividad que ella y sus amigas pudieran hacer.
Pensando en ella y viendo lo felices que se veían los adultos mayores bailando, decidí especializarme y hacer la certificación para ponerla en práctica aquí en Santa Cruz. Al principio, nadie me quería contratar porque no conocían la disciplina, pero incluso de forma voluntaria seguí insistiendo. Finalmente, me abrieron las puertas en la Dirección del Adulto Mayor de la Alcaldía, donde trabajé durante tres años, muy feliz y aprendí muchísimo.
– ¿Cómo fue la primera clase con adultos mayores y qué aprendió de esa experiencia?
Obviamente estaba muy nerviosa, porque al ser una disciplina desconocida para ellos, le tenían mucho recelo. Sin embargo, al escuchar la música, se animaron, y poco a poco mis clases fueron creciendo.
Aprendí que la edad no importa cuando se hace algo que nos hace felices.
-¿Qué es lo que más disfruta de trabajar con personas mayores?
Disfruto saber que hago feliz a una población que está prácticamente olvidada por la sociedad. Ver su agradecimiento, el amor que me dan y la conexión que tengo con ellos es muy especial.
También disfruto ver cómo puedo cambiarles la vida, hacer que se sientan vivos, sanos y alegres. En mi sala encuentran un segundo hogar, donde tienen amigos y pueden socializar. Además de zumba, realizamos otras actividades, como paseos, viajes y participación en eventos zumberos. Ya son conocidos, esperados y respetados por la comunidad de zumba, tanto en Santa Cruz como en Bolivia.
-¿Qué canciones bailan?
Como instructora certificada recibo mucho material con música de moda que adapto para que ellos puedan bailar. Estoy capacitada para adaptar cualquier canción.
Bailamos música de Karol G, Daddy Yankee, salsa, merengue, bachata, flamenco, tango y muchos ritmos más.
-¿Cuál ha sido el mayor reto al enseñar zumba a la tercera edad?
Mi mayor reto fue cuando empecé llegando a lugares muy alejados de la ciudad. Fue como comenzar de cero con ellos. Primero tenían que aprender a identificar su izquierda y su derecha, coordinar los movimientos y hacer los pasos correctamente.
Tuve que pedir consejo a la persona que me certificó para hacer las clases más didácticas y que pudieran seguirme. Me asombró su dedicación y disciplina. A pesar de sus escasos recursos, no faltaban a clases.
– ¿Cuál es la mayor satisfacción que le da enseñar zumba gold?
La mayor satisfacción es ver cómo mis alumnos disfrutan, se superan y mejoran su calidad de vida. Es hermoso ver sus sonrisas, la energía con la que bailan y la conexión que se genera en cada clase.
Es gratificante notar cómo ganan confianza en sí mismos, se sienten más fuertes y activos, y crean lazos de amistad dentro del grupo.
También es un gran regalo ver cómo pueden olvidar por un momento cualquier preocupación y simplemente disfrutar de la música y el movimiento.
– ¿Cómo motiva a sus alumnas?
Primero, haciéndoles saber que este es un espacio especialmente para ellas. Las clases están diseñadas para que todas se sientan cómodas y valoradas. Siempre les digo que no hay edad para bailar y ser felices. Uso palabras positivas para recordarles que cada día es un regalo, destaco sus progresos y las hago sentir jóvenes de corazón. Además, les inculcamos la importancia de cuidar el cuerpo y la mente para tener una vejez saludable e independiente.